“EN OTROS MUNDOS” (63)

     Samanta dejó de examinar la lucha entre Aníbal y el Ser de Niebla, para cotejar a qué venía el excesivo nerviosismo de los expresidiarios de Sua, que exigían que saliera rápidamente de la fortaleza. Muchos de ellos habían abandonado el edificio, pero todavía quedaba alguno, menos que una docena, exhortando a Sami para que huyera de allí, antes de que él llegara.

                 Exactamente como ellos temían, Sua apareció en la entrada muy Sua enojadoenojado, echando espuma por la boca y gritando que nadie iba a lograr desertar del Averno. Sus ojos rojos inyectados en sangre, recordaron a Samanta la primera vez que lo vio antes de que conociera que en el mismo mundo había otros solapados; otras dimensiones a las que uno podía llegar a través de dos clases de agujeros negros… los de Sua que absorbían todo vorazmente hacia el Averno, y los del Ser de Luz por los que la elección de escogerlos sería libre y voluntaria…
                    Esta vez el Ser de Luz no estaba para sacar a Samanta del entuerto… Ahí plantada, no se le ocurría qué podía hacer. Los que habían residido en el sótano de aquel sitio por tanto tiempo subían hacia arriba con premura.

     A Sami la estaba hipnotizando con esos ojos de serpiente carmesí, e iba notando cómo los párpados le iban pesando cada vez más… Se sentía irremediablemente atraída hacia Sua, y lentamente empezó a caminar hacia él…     

              El tamaño del monstruo había empezado a aumentar sin que a la muchacha pudiera afectarle ni estremecerle su tremenda imposición, y seguía su lenta progresión hacia el monstruo incólume y fiero.

                                -    ¡Va a mutar! ¡Va a mutar! ¡Seguid subiendo! ¡Vamos, rápido! -, vociferaban los que antes ya habían visto enajenado a Sua.