“EN OTROS MUNDOS” (43)

     Cuando estuvo vivo, Teo hacía muchos trabajos en interiores, y ahora Sua se enorgullecía de su labor como Detalladero. Él era uno de los que nadie se hacia preguntas si quería entrar a la fortaleza; sus tareas de decoración eran sobresalientes para Sua, y los Seres de Niebla no debían interferir en ellas.
     El plan de Nadia era acceder con él al interior del edificio. Samanta se cruzó de brazos:

                  escéptica

     -    A ver… No sé si me convence ese plan… Nos apresarán a los tres, y eso sí, pronto iremos a hacerles compañía en próximos calabozos a Silvia y a Aníbal… -.
                         -    No creas que soy tan tonto para llevaros allí a cara descubierta… Tengo acceso también a unas capas que simulan las de los Seres de Niebla:

          Capas de los Seres de Niebla Mañana mismo, sacaré dos y así me escoltareis como si fuerais dos  de esos nebulosos hasta el centro de la mansión de Sua. Buscaremos los calabozos hasta dar con tus amigos, y los sacaremos de allí, ¿qué te parece, Sami? -, declaró Teo sonriente.

    Mal, el plan a Samanta le parecía rotundamente catastrófico y ridículo. Nadia y Teo tenían buenas intenciones, pero lo que ella quería únicamente, era sacar de su prisión a Silvia y Aníbal. Les miraba seria y en silencio.

     A la pareja les parecía una buena idea realizar el rescate de esa forma, pero realmente no tenían nada que perder, estaban ya condenados. Samanta seguía pensando que aquello era un suicidio, y se sintió egoísta por una vez: pensó en dejar todo y buscar otro agujero dimensional que con suerte la llevase a su mundo, al que echaba tanto de menos, y en el que nunca hubiera sospechado que acabaría en el Averno.

     Le dijeron que fuera a su cabaña; que pasarían a buscarla en cuanto hubieran preparado todo.