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                                      Llave maestra

                         

        Era como si aquella situación de espera y esperanza  hasta que Teo llegase con noticias sobre la llave, Sami ya la hubiera vivido. Éste era el único que podría acceder hasta los Seres de Niebla, y robarles una de las llaves maestras que abrirían todos los calabozos, incluido el de la sufrida Silvia, que abarcaba todo su pensamiento.

     No le parecía apropiada la negativa de Nadia ante que Teo se arriesgara tanto, pero era entendible ya que era su compañero desde hacía muchos años en los que habían llegado a quererse, haciendo que todo lo que hubieran echado de menos cuando estaban en vida, desapareciera totalmente de su recuerdo.

     Lo que a Samanta no le gustaba nada, era la mirada aviesa de Aníbal. No entendía la expresión de su cara, era como si un lobo hambriento estuviera escrutando todas las partes de su cuerpo, para en el momento de hincarle el diente, saber con exactitud cuál iba a ser la más sabrosa y jugosa… Estaba molesta con él; no podía creer que en ese terrible lugar, Aníbal se estuviera haciendo ninguna idea libidinosa con ella.

     Se dio media vuelta y le dio la espalda:

            -    “Ojos que no ven, corazón que no siente”, - pensaba Sami para sus adentros, sin dejar de pensar en Silvia, la que se suponía que era su pareja.

     Le había parecido escuchar algo cayendo acompañado de unos gritos, y salió al exterior, queriendo buscar una respuesta…
                  

                                   Amanecer en el campo del Averno

                                                                                          

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