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 niebla cementerio

     Todo era desconocido para ella, pero hasta cierto punto. Dio un rodeo con la vista… y se vio asediada por tumbas, sepulturas, nichos y panteones.
     No tenía ya ninguna duda: se encontraba ahora en un cementerio. Se arrodilló apresuradamente para leer lo que alguien había escrito en la gravilla para ella:
             

                Aquí estarás


                            más segura…

                                            … aseveraba la inscripción, con trazos firmes y afianzados. Samanta no sabía qué quería decir eso, salvo que a alguien le preocupaba cómo estaba; alguien, a distancia, la estaba cuidando, y la había hecho escoger ese camino para que nada malo le sucediera. Y, logró escapar así, de ese ser diabólico de los ojos rojos; gracias a la puerta, la cual le mostró el pez del acuario… y acabaría en ese agujero negro, ese portal a otra dimensión… Todo tenía ya más sentido. 

  - El ser de luz… el que luchó contra el monstruo… Claro, ése es mi protector, al que le estoy debiendo esta segunda oportunidad -, acertó Samanta.

 luna

     Suspiró más calmada, justo en el momento en el que el viento quiso levantarse irritado, como si el rumor de su voz le hubiera enojado, y de esta forma hubiera violado el abrupto silencio del territorio fúnebre. Tal fue su fuerza huracanada, que se borraron las palabras del suelo, e hizo tambalearse a Samanta, que tras haber sorteado la tumba abierta de la que había salido, buscaba entre la fría noche, el resguardo de unos viejos y desvencijados álamos. 

 

 

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