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     ¿Se podría fiar de ella? Acababa de confesar que cuando estuvo viva fue una asesina, una celosa compulsiva que no tuvo escrúpulos a la hora de matar a otro ser humano. Tal y como fuera, Samanta tenía que seguir escuchando a Nadia y a Teo; eran los únicos que la ayudarían en el Averno para volver a ver a Silvia y a Aníbal.

                                           Conversando

      Una pregunta de Teo le confundió aún más:

        -    ¿Estás segura de que quieres verlos? -.
                        -    ¡Por supuestísimo, Teo! ¡Y quiero sacar de ahí a Silvia y a Aníbal! ¡Y nos marcharemos de este sitio terrible…! -, contestó Samanta muy crispada.
                                         -    No malentiendas lo que Teo dice; no es que no quiera ayudarte con la liberación de los chicos, es que si lográis salir no vais a tener donde esconderos -, aseguró Nadia, que ya había estudiado planes mucho antes  para salir de allí.

     Lo que Sami quería era por lo menos ver a Silvia; lo demás no le importaba. El destino provendría si saldrían luego del Averno o no.

                               -    Puede ser que no la encuentres como la dejaste… -.

     En un principio, no acertó a comprender por qué le decía eso… Entonces, Nadia se la llevó a un lugar más apartado de la cabaña, y se remangó la camisa: una mancha negra como el petróleo recorría parte de su cuerpo, la que ocultaba bajo sus ropas, discretamente.

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