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     Como en muchas ocasiones a partir de ésa, Aníbal sorprendía a Silvia de aquella afectuosa manera. A él también le habían asignado trabajar en la parte baja del edificio, así que cada vez que los Seres de Niebla que vigilaban se despistaban iba al lugar de las chicas, a hacerles una visita. Entre los dos jóvenes se había creado un vínculo especial, y lo prohibido siempre excita, así que a Samanta no le extrañó que uno le empezara a robar besos a la otra, y que el roce de sus pieles cada vez fuera más candente y efusivo… El beso                                                       A veces, se escondían donde nadie pudiera verles, y se les oía reír y prodigarse en insinuaciones y palabras incandescentes desde detrás de la vegetación.

escondite de Silvia y Aníbal

     Samanta preocupada les aconsejaba dejar aquella relación clandestina, por miedo a que los Seres de Niebla los descubrieran, pero no hacían caso, e ignorantes de lo que pudiera suceder, se complicaban más y más en esos encuentros.

                - ¡Esos chicos van a acabar mal! En fin Sami, tú no puedes hacer más que   advertírselo -, se pronunciaba una de las mujeres que trabajaba al lado de  Samanta.

     No volvería a intentar convencer a Silvia, desde que ésta tozuda como ella misma, le comunicara que no quería hablar con ella, y que la dejara en paz. Ante esto, Sami se quedó destrozada, pero confirmó que aquel chico no era bueno para su amiga, porque hasta él mismo tenía que haberse dado cuenta que con esos encuentros los dos se ponían en serio peligro.

     Días después, o semanas, o meses… o… Todo era intemporal; la jornada de trabajo se acababa cuando los Seres de Niebla lo decidían… No había horas diurnas, ni horas nocturnas; todo era según su palabra… Todo fue en un momento… Los descubrieron en su escondite…

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