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     Nadia se mojó los labios y continuó:

                  -          Sí, meteoritos de la luna… Es el único componente con el que se puede destruir la Luz de una manera definitiva. Verás, los Seres de Luz realizan sus armas con fragmentos de la luna y es que es la reina del universo, la que  Espada y escudo de Luzdesde la tierra y el Averno vemos siempre iluminada en la vasta oscuridad, la potente arma de éstos para hacer que su muerte aquí, la de los nebulosos, les de la vida de nuevo en la realidad… -,  determinó.

-          ¿Y qué hay de los Seres de Niebla entonces? -, planteó Samanta.

               -          A eso voy, Sami… Que no he terminado… Por todo lo que te he contado, los Seres de Niebla y Sua tramaron que para acabar con su enemigo, lo mejor sería que combatieran con un elemento sublime e ideal toda su armamentística lunar. Tras tiempos de investigación, se dieron cuenta que la masa de los meteoritos que chocaban contra la luna, era el material idóneo para luchar contra la Luz; rasgaba, ajaba, cortaba, destrozaba, desgarraba la luna… y por lo tanto, tendría el mismo efecto en los Seres de Luz -.

 

                        Se oyeron las cadenas que llevaban los Seres de Niebla para llevar a los todavía humanos a los trabajos, y las dos se callaron “ipso facto”. Nadia le ordenó que se escondiera tras el camastro, y se dispuso a salir con los Seres de Niebla, no sin antes decirle a Samanta que estaría de vuelta al atardecer.

-          No te preocupes, no armaré mucho escándalo -, manifestó Samanta, mientras la otra salía al exterior.

 

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